El morabito codicioso – Senegal

En algunos países musulmanes del Oeste de África, popularmente se considera que el morabito o marabout es una persona que posee cierta santidad y sabiduría. Por eso, algunos padres dejan a sus hijos (talibés a partir de entonces) a cargo del morabito, para que puedan aprender el Corán, entre otras cosas. No obstante, hay que tener en cuenta que no todos los morabitos son igual de benévolos…

Mezquita en la playa de Dakar - Angela Sevin (CC BY-NC-SA

Mezquita en la playa de Dakar – Angela Sevin (CC BY-NC-SA 2.0)

Érase una vez un morabito que tenía una hija llamada Fátima, en honor a la hija del profeta Mahoma. La belleza y gracia de Fátima eran tales que hacía suspirar incluso a los chicos de las regiones cercanas. Por lo tanto, todos y cada uno de los jóvenes en edad de casarse, sin importar su etnia o condición, se esforzaban en agradar a su padre, el morabito.

Los jóvenes Peuls, una tribu de pastores nómadas del Oeste de África, le llevaban leche y terneros. Los Bambaras, que venían sobre todo de Mali, cultivaban sus campos y le daban una parte de su cosecha. Los Mandingas le ofrecían las mejores piezas de sus cacerías y los Dioulas, una tribu de comerciantes, le regalaban conchas que servían como moneda.

El morabito se sentía muy afortunado por el encanto de su hija, ya que gracias a ello no le faltaba de nada en casa. Además, Fátima era aún muy joven para casarse, lo que le garantizaba años de prosperidad.

Pero cuando Fátima creció, cada una de las cuatro tribus envió a una delegación cargada de presentes para pedir su mano. Sin querer rechazar ninguna de las propuestas, el morabito prometió que Fátima se casaría con el pretendiente más próspero y paciente de entre los Peuls, Bambaras, Mandingas o Dioulas en el plazo de un mes.

Ante la inminencia del enlace, los miembros de las cuatro delegaciones ofrecieron más y más regalos pero el morabito no se pronunciaba sobre quién se casaría con su hija para alargar la situación el máximo tiempo posible y seguir enriqueciéndose.

El día antes de la boda, el morabito se dio cuenta de que se había metido en un gran lío. Los pretendientes estaban muy enfadados por su actitud. Las familias llevaban sus mejores ropas de coloridas telas wax y estampados batik. La comida estaba siendo preparada: thieboudienne, yassa, maafe,… incluso un cordero, como se hace en la fiesta de la Tabaski. ¡Todos los preparativos estaban hechos y aún nadie sabía quién sería el novio!

Angustiado, el morabito rezó y pidió clemencia a Alá, suplicando que le diera una solución. Sus oraciones fueron escuchadas y un ángel se le apareció con un mensaje. Le ordenó encerrar a su hija por la noche en una habitación con tres animales: un burro, un gato y un perro. Al día siguiente, el mismo día de la boda, tendría que abrir la puerta de la habitación y entonces encontraría la respuesta que tanto ansiaba. Haciendo caso a las recomendaciones divinas, el morabito encerró a Fátima con los animales.

Con la primera luz del día, el morabito llamó a la puerta de la habitación de Fátima. Cuatro voces idénticas le respondieron. Perplejo, derribó la puerta y se encontró a cuatro chicas exactamente iguales frente a él. Todas tenían la misma belleza y apariencia que Fátima. Se movían, actuaban y hablaban como ella por lo que al morabito le era imposible decir cuál de las cuatro era su verdadera hija. Así, no tuvo más remedio que ofrecer a las cuatro chicas en casamiento, complaciendo a las cuatro tribus de este modo.

Los invitados a la boda no pudieron ocultar su sorpresa y quedaron fascinados ante la excelente solución que el morabito había encontrado para agradar a todas y cada una de las tribus. Tras el matrimonio de “las cuatro Fátimas”, su fama y popularidad crecieron en el país entero.

Pero aunque parecía que el morabito había salido airoso de tan complicada situación, realmente Alá le había castigado por su codicia. Desde entonces vivió triste y atormentado: ¿Cuál era su verdadera hija y con qué tribu la había casado? Echaba de menos a la dulce Fátima y no sabía siquiera dónde podría encontrarla. ¿Estaría con los Bambara? ¿Se habría casado con un Peul? ¿Podría ir a visitarla a la región de los Mandingas? ¿La tratarían bien los Dioulas? Estas preguntas le causaban incontables noches de insomnio y le impedían disfrutar de los numerosos regalos que había acumulado. Arrepentido, el morabito dejó entonces de anhelar las riquezas y decidió dedicarse al resto de su familia, pues se dio cuenta de que la felicidad no se encuentra en las ganancias materiales.

FIN

¿SABÍAS QUÉ?

  • El thiéboudienne es el plato más tradicional de Senegal, consistente en pescado y arroz con salsa de tomate, cebolla y aceite de cacahuete, entre otros ingredientes. El yassa es un plato picante hecho con pollo o pescado y servido con cebollas y ajo, mostaza y salsa de limón. El maafe es un guiso de carne con vegetales en una salsa de cacahuetes.
  • Tabaski es el nombre que en Senegal recibe la fiesta mayor musulmana Eid al-Adha o Fiesta del Sacrificio, que conmemora el pasaje recogido tanto en la Biblia como en el Corán, en el que Abraham (Ibrahim) prueba su obediencia a Dios mostrándose dispuesto a sacrificar a su hijo, antes de que Dios interviniera para proporcionarle un cordero que sacrificar en su lugar. Al guiarse los musulmanes por el calendario lunar, en 2015 dicha fiesta se celebra el 24 de septiembre, mientras que en 2016 lo hará el 11 de septiembre y el 2 de septiembre en 2017.
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